DosCinco
Estaba enojada porque ibas a llegar, pero muy impaciente.
Mi mamá iba y venía del hospital, pero los doctores le decían que no era tiempo de tu llegada.
Y yo me quedaba otro tiempo sin mi mamá, pero también sin conocerte.
Ese día, ibamos a ir al Gigante y yo estaba contenta ya que iba a poder elegir el cereal que quería. Mi mamá y mi tía dijeron que antes de ir al super mercado tendríamos que pasar al doctor a ver cómo iba ese bebé y pues ya te estabas pasando, así que no fui al Gigante y me regresé con mi tía a la casa porque ya ibas a llegar.
Estaba enojada contigo, pero llegaste, así largo, con la cabeza alzada y la mirada profunda. Desde que te ví sabía que eras parte de mi carne, cuando te cargaba sentía que eras mi hermanito.
Ibas creciendo, travieso, parlachín, curioso, artista. Yo lo único que quería desde que te conocí es que no sufrieras, que pudieras tener una vida poco dolorosa.
Jugamos muchas tardes, me cuidaste y te cuidé toda tu infancia, quería que no pasarás por los sentimientos que yo atravesaba.
Y seguiste siendo curioso, seguiste siendo muy inteligente que a veces no estuvimos preparados para tal conocimiento.
Te rebelaste y no quisiste seguir en la escuela, te lloré mucho, no quería que te perdieras porque te amaba y te amo como nadie en la vida.
Y me cuidaste cuando estaba mal, me acompañasté cuando la vida me pesaba.
Te convertiste en artista y creo que yo también, en ese proceso me enseñasté que el arte puede curar las heridas del alma y me convertí en artista, escritora y en multidisciplinary artist como tengo que aplicar a los grants en Toronto.
Nosotros sabemos que de donde venimos no hay que pedir permiso en ser una cosa u otra porque las opciones son demasiado estrechas.
Y nos fuimos, nos fuimos lejos a ver si podíamos tejer otras historias, hacer arte y triunfar porque los que venimos del subterraneo no tenemos nada que perder.
Tú estás en otro país y yo en otro, aprendimos otros idiomas, trabajamos duro porque eso nos enseñaron los viejos y sólo sé que el amor que te tengo y que te di cuando era niña y en toda mi vida, florece.
Florece en ese niño travieso, florece en las letras de tus rimas, en tu forma de hacer comunidad, de cuidar y de ser artista.
Floreces hermanito, sé que muchas veces nos han dicho que no merecemos florecer porque venimos de la supervivencia, pero a nosotros nadie nos va decir que merecemos o no porque nosotros sabemos de dónde venimos y lo duro que hemos trabajado.
Florece en tu manera de ver la vida, sólo te deseo que el arte siempre te lleve de la mano y que puedas transformar el dolor en música, letras, amistades, pinturas y amor.
El amor nunca se equivoca y yo siempre te pienso, te deseo un bonito amanecer y sé que lo estás creando.
Con amor tu hermanita, Beatriz en Toronto en Febrero 19, 2025.
Comments
Post a Comment