Oda al mar

Eres impotente, majestuoso y respetuoso,
caudaloso y abundante como semilla a punto de germinar. 
En tus aguas albergas un sin fin de seres,
seres mágicos con habilidades que el humano imita pero no iguala. 
Tu simplicidad y cadencia te hacen profundo y suntuoso. 
Cuando te contemplamos, nos llevas a un estado de meditación, al presente, al ahora.
Eres generoso con tus habitantes y con los que no somos parte de ti. 
Cuando nos dejas acercanos a tu centro y sentirte nos recuerdas a ese vientre materno, donde estuvimos protegidos por nuestras madres. 
Y sí estás enojado, puedes traer caos, meternos en aprietos y enseñarnos duras lecciones. 
Tus burbujas de agua, tus ojos que burbujean donde nacen los caudales. 
Tu sonido, tu estrepitar, tu calor, tu voz son música para nosotras, una música que nace de tu centro, de tu raíz. 
Estamos llenos de ti, de tus profundas aguas, de tus frutos y de tu sol. 
Nos dejas sin aliento cada vez que podemos acercanos a mirar los habitantes que viven en tu profundidad. 
Y aunque pensamos que te conocemos, no te conocemos ni un poquito. 
En cualquier momento nos das un golpe súbito y nos arrancas la respiración. 

Comments

Popular posts from this blog

La necesidad de escribir

DosCinco

Moving in and out